Forwarded from VOZ CATÓLICA (Sonia Ibarra)
Hay dos vuelos que simbolizan dos estilos de almas: el de la gallina y el del águila. El vuelo de la gallina es de baja altura, hace ruido, levanta polvo y revoluciona el gallinero. Es un símbolo de las almas rastreras, con ideales horizontales y carreras de corto alcance.
Pueden meter mucho ruido y dar que hablar, pero quedan casi inmediatamente en el olvido. Cuando la tierra y las plumas que su alboroto levantó se depositan en el suelo, del vuelo de la gallina nadie
se acuerda; fue intrascendente y pasó desapercibido en la historia del gallinero. Las almas que apuntan a metas que no traspasan la sombra que proyecta su nariz pasan sin dejar huella; se alimentan con
conquistas tan perecederas como la de nuestra gallina.
El vuelo del águila es desafiante, altivo, veloz e inalcanzable. Su vista es capaz de fijarse en el sol y también de contemplar la plenitud
del paisaje desde las cumbres de las nubes. Juega con los vientos, planea, se arroja en picada y vuelve a levantarse con celeridad. Desde sus alturas ve los mares como si fuesen charcos y los lagos y los ríos le descubren sus secretos volviendo para ella trasparentes sus aguas.
Es un ave de caza y de lucha. Es símbolo del alma que se siente estrecha en tierra y desahogada en el cielo; del alma que necesita metas lejanas y difíciles, que puede enfrentar asperezas y obstáculos
no sólo sin desánimo sino con emoción y gozo. Es el alma que puede aspirar al heroísmo y a la santidad.
P. Miguel Fuentes
La Magnanimidad.
Pueden meter mucho ruido y dar que hablar, pero quedan casi inmediatamente en el olvido. Cuando la tierra y las plumas que su alboroto levantó se depositan en el suelo, del vuelo de la gallina nadie
se acuerda; fue intrascendente y pasó desapercibido en la historia del gallinero. Las almas que apuntan a metas que no traspasan la sombra que proyecta su nariz pasan sin dejar huella; se alimentan con
conquistas tan perecederas como la de nuestra gallina.
El vuelo del águila es desafiante, altivo, veloz e inalcanzable. Su vista es capaz de fijarse en el sol y también de contemplar la plenitud
del paisaje desde las cumbres de las nubes. Juega con los vientos, planea, se arroja en picada y vuelve a levantarse con celeridad. Desde sus alturas ve los mares como si fuesen charcos y los lagos y los ríos le descubren sus secretos volviendo para ella trasparentes sus aguas.
Es un ave de caza y de lucha. Es símbolo del alma que se siente estrecha en tierra y desahogada en el cielo; del alma que necesita metas lejanas y difíciles, que puede enfrentar asperezas y obstáculos
no sólo sin desánimo sino con emoción y gozo. Es el alma que puede aspirar al heroísmo y a la santidad.
P. Miguel Fuentes
La Magnanimidad.
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