Much have I travelled in the
realms of gold,
And many goodly states and kingdoms seen;
Round many western islands have I been
Which bards in fealty to Apollo hold
Oft of one wide expanse had I been told
That deep-brow'd Homer ruled as his demesne;
Yet did I never breathe its pure serene
Till I heard Chapman speak out loud and bold:
Then felt I like some watcher of the skies
When a new planet swims into his ken;
Or like stout Cortez when with eagle eyes
He star'd at the Pacific-and all his men
Look'd at each other with a wild surmise
Silent, upon a peak in Darien.
'On First Looking into Chapman's Homer'
by John Keats
realms of gold,
And many goodly states and kingdoms seen;
Round many western islands have I been
Which bards in fealty to Apollo hold
Oft of one wide expanse had I been told
That deep-brow'd Homer ruled as his demesne;
Yet did I never breathe its pure serene
Till I heard Chapman speak out loud and bold:
Then felt I like some watcher of the skies
When a new planet swims into his ken;
Or like stout Cortez when with eagle eyes
He star'd at the Pacific-and all his men
Look'd at each other with a wild surmise
Silent, upon a peak in Darien.
'On First Looking into Chapman's Homer'
by John Keats
Ver en todas las cosas
del Espíritu incógnito las huellas;
contemplar
sin cesar,
en las diáfanas noches misteriosas,
la santa desnudez de las estrellas…
¡Esperar!
¡Esperar!
¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura
y no soñada paz… Sereno y fuerte,
correr esa aventura
sublime y portentosa de la muerte.
Mientras, amarlo todo… y no amar nada,
sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;
cuidar de que en la áspera jornada
no se atrofien las alas, ni oleada
de cieno vil ensucie nuestras plumas.
Alma: tal es la orientación mejor,
tal es el instintivo derrotero
que nos muestra un lucero
interior.
Aunque nada sepamos del destino,
la noche a no temerlo nos convida.
Su alfabeto de luz, claro y divino,
nos dice: «Ven a mí: soy el Camino,
la Verdad y la Vida».
del Espíritu incógnito las huellas;
contemplar
sin cesar,
en las diáfanas noches misteriosas,
la santa desnudez de las estrellas…
¡Esperar!
¡Esperar!
¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura
y no soñada paz… Sereno y fuerte,
correr esa aventura
sublime y portentosa de la muerte.
Mientras, amarlo todo… y no amar nada,
sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;
cuidar de que en la áspera jornada
no se atrofien las alas, ni oleada
de cieno vil ensucie nuestras plumas.
Alma: tal es la orientación mejor,
tal es el instintivo derrotero
que nos muestra un lucero
interior.
Aunque nada sepamos del destino,
la noche a no temerlo nos convida.
Su alfabeto de luz, claro y divino,
nos dice: «Ven a mí: soy el Camino,
la Verdad y la Vida».
Hoy sube al cielo María,
que Cristo en honor del suelo
traslada la casa al cielo
donde en la tierra vivía.
Hoy el palacio real,
de solo Dios habitado,
sube a su patria inmortal,
al empíreo el animado
y el terreno al celestial:
hoy la casa en que vivía
la eterna Sabiduría.
Hoy la soberana Aurora
la luna pisa, el sol dora,
hoy sube al cielo María.
que Cristo en honor del suelo
traslada la casa al cielo
donde en la tierra vivía.
Hoy el palacio real,
de solo Dios habitado,
sube a su patria inmortal,
al empíreo el animado
y el terreno al celestial:
hoy la casa en que vivía
la eterna Sabiduría.
Hoy la soberana Aurora
la luna pisa, el sol dora,
hoy sube al cielo María.
La caridad, en razón de su naturaleza, no tiene término de aumento, ya que es una participación de la infinita caridad, que es el Espíritu Santo... Tampoco por parte del sujeto se le puede prefijar un término, porque al crecer la caridad, sobrecrece siempre la capacidad para un aumento superior... Este aumento persigue un fin, pero ese fin no está en esta vida sino en la futura.
(ST II-II, 24,7)
(ST II-II, 24,7)
Forwarded from ARI·RAM