TOLKIEN_J.R.R._HOJA_DE_NIGGLE_ENSAYO_SOB.pdf
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Ensayo sobre Hoja, de Niggle (Tolkien)
Solía pasarse infinidad de tiempo con una sola hoja, intentando captar su forma, su brillo y los reflejos del rocío en sus bordes [...] Niggle se plantó delante de su obra, un poco alejado, y la contempló con especial atención y desapasionamiento [...] la encontraba muy hermosa, el único cuadro verdaderamente hermoso en el mundo.
Hoja, de Niggle - Tolkien
Hoja, de Niggle - Tolkien
Cuando no tengo ganas de estudiar y dispongo de tiempo libre, me voy de buena gana a la iglesia y contemplo las pinturas... Acarician mis ojos como las flores del campo; y la gloría de Dios desciende a mi alma.
San Juan Damasceno
Sermón I de las Imágenes
San Juan Damasceno
Sermón I de las Imágenes
My affections and wishes have not changed, but one word from you will silence me forever. If, however, your feelings have changed I will have to tell you: you have bewitched me, body and soul and I love, I love, I love you. I never wish to be parted from you from this day on…”
Pride & Prejudice - Jane Austen
Pride & Prejudice - Jane Austen
Sobre el misterio eucarístico
Si en pan tan soberano,
se recibe al que mide cielo y tierra;
si el Verbo, la Verdad, la Luz, la Vida
en este pan se encierra;
si Aquel por cuya mano
se rige el cielo, es el que convida
con tan dulce comida
en tan alegre día.
¡Oh cosa maravillosa!
Convite y quien convida es una cosa,
alégrate, alma mía,
pues tienes en el suelo
tan blanco y tan lindo pan como en el cielo.
Miguel de Cervantes Saavedra
Si en pan tan soberano,
se recibe al que mide cielo y tierra;
si el Verbo, la Verdad, la Luz, la Vida
en este pan se encierra;
si Aquel por cuya mano
se rige el cielo, es el que convida
con tan dulce comida
en tan alegre día.
¡Oh cosa maravillosa!
Convite y quien convida es una cosa,
alégrate, alma mía,
pues tienes en el suelo
tan blanco y tan lindo pan como en el cielo.
Miguel de Cervantes Saavedra
Mercader - Que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo; que por el hilo se sacará el ovillo, y quedaremos con esto satisfechos y seguros.
Don Quijote - Si os la mostrara ¿qué hicierais vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender.
Sobre la existencia de Dulcinea
Don Quijote - Si os la mostrara ¿qué hicierais vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender.
Sobre la existencia de Dulcinea
References for future
A world of disorderly notions, picked out of his books, crowded into his imagination Miguel de Cervantes - Don Quixote Gustave Doré
¿Qué representa don Quijote?
Ante todo, la fe; la fe en algo eterno, inmutable; en una palabra: en la verdad, en la verdad que se encuentra fuera del individuo, pero que es posible alcanzar; que exige un servicio y sacrificios, pero a la que se accede gracias a la constancia en ese servicio y a la fuerza de esos sacrificios. Don Quijote está penetrado por entero de la lealtad al ideal, por el cual está dispuesto a padecer todas las privaciones posibles, a sacrificar su vida; de hecho, solo valora su propia vida en cuanto que le permite encarnar el ideal e instaurar la verdad y la justicia en el mundo. Se nos dirá que su imaginación trastornada extrae ese ideal del mundo fantástico de las novelas de caballerías –y en eso consiste precisamente el aspecto cómico de don Quijote—, pero toda la pureza del ideal permanece intacta.
S. Arellano
Ante todo, la fe; la fe en algo eterno, inmutable; en una palabra: en la verdad, en la verdad que se encuentra fuera del individuo, pero que es posible alcanzar; que exige un servicio y sacrificios, pero a la que se accede gracias a la constancia en ese servicio y a la fuerza de esos sacrificios. Don Quijote está penetrado por entero de la lealtad al ideal, por el cual está dispuesto a padecer todas las privaciones posibles, a sacrificar su vida; de hecho, solo valora su propia vida en cuanto que le permite encarnar el ideal e instaurar la verdad y la justicia en el mundo. Se nos dirá que su imaginación trastornada extrae ese ideal del mundo fantástico de las novelas de caballerías –y en eso consiste precisamente el aspecto cómico de don Quijote—, pero toda la pureza del ideal permanece intacta.
S. Arellano
Forwarded from La Espada de Roma (Pérez)
http://uncatolico.com/ilustraciones-de-la-biblia/ Las iIustraciones de la Biblia de Gustave Doré, en alta resolución.
0_05_09_2017_EL AMOR HUMANO (3) POR LA SENDA DE LA AMISTAD.pdf
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El amor humano y amor divino.
"Ojos para ver"
Santiago Arellano
"Ojos para ver"
Santiago Arellano
Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad!
Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.
¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».
Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.
¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.
San Agustín, obispo
Del libro de las Confesiones
Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.
¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».
Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.
¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.
San Agustín, obispo
Del libro de las Confesiones