Forwarded from Heathens Begone (Maria)
"Heavenly Father, through your Son Jesus Christ, you have opened the way to heaven for us. As you revealed yourself to your beloved patriarchs and apostles, so reveal yourself to me that I may recognize your presence with me and know the power of your kingdom at work in my life. May I always find joy in your presence and never lose sight of your kingdom."
Amen
Amen
References for future
A thing of beauty is a joy for ever: Its loveliness increases; it will never Pass into nothingness; but still will keep A bower quiet for us, and a sleep Full of sweet dreams, and health, and quiet breathing. Endymion, Keats - 1818 Flaming June, F. Leighton…
Duerme tranquila en tu imperfección, esposa imperfecta. No choco contra un muro.
Tú no eres finalidad y recompensa y joya venerada en sí misma, de la que pronto me cansaría, tú eres camino, vehículo y acarreo. Y no me cansaré de transmutarme.
Antoine de Saint Exupéry.
Tú no eres finalidad y recompensa y joya venerada en sí misma, de la que pronto me cansaría, tú eres camino, vehículo y acarreo. Y no me cansaré de transmutarme.
CiudadelaAntoine de Saint Exupéry.
MIS ARMAS
Poesía de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia.
Vestí las armas del Omnipotente,
y su mano divina me adornó.
Nada me hará temer en adelante,
¿quién podrá separarme de su amor?
A su lado, lanzándome al combate,
ya ni al fuego ni al hierro temeré.
Sabrán mis enemigos que soy reina,
que esposa soy de un Dios.
Guardaré la armadura que me ciño,
Jesús, ante tus ojos adorados,
y hasta la última tarde del destierro
serán mis votos mi mejor adorno.
Eres tú, ¡oh Pobreza!,
mi primer sacrificio,
te llevará conmigo hasta la muerte.
Sé que el atleta, puesto en el estadio,
para correr de todo se despoja.
Gustad, mundanos, vuestra angustia y pena,
de vuestra vanidad amargos frutos;
yo, jubilosa, alcanzaré en la arena
de la pobreza las triunfales palmas.
Jesús dijo que "por la violencia
el reino de los cielos se conquista".
Me servirá de lanza la pobreza,
y de glorioso casco.
Hermana de los ángeles
victoriosos y puros
la Castidad me hace.
Formar espero un día en sus falanges;
mas debo en el destierro
como lucharon ellos luchar yo.
Luchar continuamente,
sin descanso ni tregua,
por mi Esposo adorado,
el Señor de los señores.
Porque es la castidad celeste espada
que puede conquistarle corazones.
La castidad será mi arma invencible,
con ella venceré a mis enemigos.
Por ella llego a ser,
¡oh inefable ventura!,
la esposa de Jesús.
En medio de la luz gritó, orgulloso,
el ángel:
"¡Nunca obedeceré...!"
En medio de la noche de la tierra
yo grito:
"¡Siempre obedeceré!"
Siento nacer en mí
una divina audacia,
al furor del infierno desafío.
Y es mi fuerte coraza
y de mi corazón escudo fuerte,
la Obediencia.
¡Oh mi Dios vencedor!,
no ambiciono otra gloria
que la de someter
mi voluntad en todo,
pues será el obediente
quien cantará victoria
en el descanso de la eternidad.
Si tengo del guerrero
las poderosas armas
y le imito luchando bravamente,
quiero también como graciosa virgen
cantar mientras combato.
Tú haces vibrar las cuerdas de tu lira,
¡y es tu lira, Jesús, mi corazón!
Por eso, cantar puedo
la fuerza y la dulzura
de tus misericordias.
Sonriendo, yo afronto la metralla,
y en tus brazos, cantando,
¡oh --divino Esposo--, mi divino Esposo!,
moriré sobre el campo de batalla,
¡las armas en la mano!
(Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 25 de Marzo de 1897.)
Poesía de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia.
Vestí las armas del Omnipotente,
y su mano divina me adornó.
Nada me hará temer en adelante,
¿quién podrá separarme de su amor?
A su lado, lanzándome al combate,
ya ni al fuego ni al hierro temeré.
Sabrán mis enemigos que soy reina,
que esposa soy de un Dios.
Guardaré la armadura que me ciño,
Jesús, ante tus ojos adorados,
y hasta la última tarde del destierro
serán mis votos mi mejor adorno.
Eres tú, ¡oh Pobreza!,
mi primer sacrificio,
te llevará conmigo hasta la muerte.
Sé que el atleta, puesto en el estadio,
para correr de todo se despoja.
Gustad, mundanos, vuestra angustia y pena,
de vuestra vanidad amargos frutos;
yo, jubilosa, alcanzaré en la arena
de la pobreza las triunfales palmas.
Jesús dijo que "por la violencia
el reino de los cielos se conquista".
Me servirá de lanza la pobreza,
y de glorioso casco.
Hermana de los ángeles
victoriosos y puros
la Castidad me hace.
Formar espero un día en sus falanges;
mas debo en el destierro
como lucharon ellos luchar yo.
Luchar continuamente,
sin descanso ni tregua,
por mi Esposo adorado,
el Señor de los señores.
Porque es la castidad celeste espada
que puede conquistarle corazones.
La castidad será mi arma invencible,
con ella venceré a mis enemigos.
Por ella llego a ser,
¡oh inefable ventura!,
la esposa de Jesús.
En medio de la luz gritó, orgulloso,
el ángel:
"¡Nunca obedeceré...!"
En medio de la noche de la tierra
yo grito:
"¡Siempre obedeceré!"
Siento nacer en mí
una divina audacia,
al furor del infierno desafío.
Y es mi fuerte coraza
y de mi corazón escudo fuerte,
la Obediencia.
¡Oh mi Dios vencedor!,
no ambiciono otra gloria
que la de someter
mi voluntad en todo,
pues será el obediente
quien cantará victoria
en el descanso de la eternidad.
Si tengo del guerrero
las poderosas armas
y le imito luchando bravamente,
quiero también como graciosa virgen
cantar mientras combato.
Tú haces vibrar las cuerdas de tu lira,
¡y es tu lira, Jesús, mi corazón!
Por eso, cantar puedo
la fuerza y la dulzura
de tus misericordias.
Sonriendo, yo afronto la metralla,
y en tus brazos, cantando,
¡oh --divino Esposo--, mi divino Esposo!,
moriré sobre el campo de batalla,
¡las armas en la mano!
(Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 25 de Marzo de 1897.)
Forwarded from Escolios a un texto implicito
La madurez del espíritu comienza cuando dejamos de sentirnos encargados del mundo.
Cuando al fin de mi vida, se oscurezcan
mis ojos, y ande torpe el corazón
y el cuerpo agote la dolencia amarga,
los ojos ciegos alzaré al Señor.
Cuando la voluntad, tras de su largo
camino, ya no sepa dónde va,
y mi lengua se olvide de mi nombre,
el poder de mi Dios me envolverá.
Cuando se diga, bajo, en torno mío
el requiescat, que yo no podré oír,
mezclado con mi lágrima postrera,
el ángel del Señor vendrá por mí.
Y entonces toda gloria será polvo,
toda ilusión marchita ha de caer,
se apagará el amor de los amigos,
pero Dios llenará todo mi ser.
Fr. Justo Pérez de Urbel
mis ojos, y ande torpe el corazón
y el cuerpo agote la dolencia amarga,
los ojos ciegos alzaré al Señor.
Cuando la voluntad, tras de su largo
camino, ya no sepa dónde va,
y mi lengua se olvide de mi nombre,
el poder de mi Dios me envolverá.
Cuando se diga, bajo, en torno mío
el requiescat, que yo no podré oír,
mezclado con mi lágrima postrera,
el ángel del Señor vendrá por mí.
Y entonces toda gloria será polvo,
toda ilusión marchita ha de caer,
se apagará el amor de los amigos,
pero Dios llenará todo mi ser.
Fr. Justo Pérez de Urbel