La vida se nos ha dado para buscar a Dios, la muerte para hallarle y la eternidad para poseerle
Santa Juana F. de Chantal
Santa Juana F. de Chantal
Razones de mi gratitud a Newman | Alfa y Omega
https://www.alfayomega.es/187380/razones-de-mi-gratitud-a-john-henry-newman
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Alfa y Omega
Razones de mi gratitud a Newman
La noción del cardenal Newman como un converso al catolicismo es simplista. Lo que da sentido a su vida y a su obra es un itinerario espiritual de una hondura inimaginable, de búsqueda de la santidad asentada en la verdad.
Forwarded from ARI·RAM
Saint John Henry Newman - 1881 - John Everett Millais
To live is to change, and to be perfect is to have changed often.
To live is to change, and to be perfect is to have changed often.
¡Abrid las puertas a Cristo redentor!
¡Pueblos todos, abrid las puertas a Cristo! Su evangelio no resta nada a la libertad humana, al debido respeto de las culturas, a cuanto hay de bueno en cada religión. Al acoger a Cristo, os abrís a la Palabra definitiva de Dios, a aquel en quien Dios se ha dado a conocer plenamente y a quien el mismo Dios nos ha indicado como camino para llegar hasta él. El número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por el Padre que por ella envió a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misión.
Por otra parte, nuestra época ofrece en este campo nuevas ocasiones a la Iglesia: la caída de ideologías y sistemas políticos opresores; la apertura de fronteras y la configuración de un mundo más unido, merced al incremento de los medios de comunicación… Dios abre a la Iglesia horizontes de una humanidad más preparada para la siembra evangélica. Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos.
San Juan Pablo II
Encíclica Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), n. 3.
Primer papa polaco de la historia. Su pontificado ha sido
el tercero más largo de la historia (1920-2005)
¡Pueblos todos, abrid las puertas a Cristo! Su evangelio no resta nada a la libertad humana, al debido respeto de las culturas, a cuanto hay de bueno en cada religión. Al acoger a Cristo, os abrís a la Palabra definitiva de Dios, a aquel en quien Dios se ha dado a conocer plenamente y a quien el mismo Dios nos ha indicado como camino para llegar hasta él. El número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por el Padre que por ella envió a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misión.
Por otra parte, nuestra época ofrece en este campo nuevas ocasiones a la Iglesia: la caída de ideologías y sistemas políticos opresores; la apertura de fronteras y la configuración de un mundo más unido, merced al incremento de los medios de comunicación… Dios abre a la Iglesia horizontes de una humanidad más preparada para la siembra evangélica. Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos.
San Juan Pablo II
Encíclica Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), n. 3.
Primer papa polaco de la historia. Su pontificado ha sido
el tercero más largo de la historia (1920-2005)
Forwarded from Escolios a un texto implicito
Cuándo la patria no es el recinto de los templos y las tumbas, sino una suma de intereses, el patriotismo deshonra.
No está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho.
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora
La propiedad de la clemencia es que no sea forzada, cae como la dulce lluvia del cielo sobre el llano que esta por debajo de ella; es dos veces bendita; bendice al que la concede y al que la recibe…. Es un atributo de Dios mismo, y el poder terrestre se aproxima tanto como es posible al poder de Dios cuando la clemencia atempera la justicia…
William Shakespeare, (El Mercader de Venecia), act 4, esc 1
William Shakespeare, (El Mercader de Venecia), act 4, esc 1
El reino se extiende
cumpliendo la voluntad de Dios
El reino de Dios está en medio de vosotros, dice el Señor. ¡Qué evidentes y qué profundas me resultaban esas palabras en Norilsk! La Iglesia visible, reflejo del reino de Dios en este mundo, casi no existía en la inmensidad de Siberia. Allí los cristianos, y también yo, debíamos intentar servir a Dios envueltos en una atmósfera de descreimiento e impiedad, una atmósfera de propaganda atea casi asfixiante. Pero mi mayor consuelo era la fe palpable de los valientes cristianos a los que servía, testimonio vivo en medio de aquella tierra desolada del poder de la gracia de Dios y de la existencia de su reino. Su fe, su coraje me animaban cada día a ofrecer todas mis actividades, mis obras y sufrimientos por la obra de extender el reino de Dios en la tierra.
¿Qué era yo al lado de los millones de ateos de la Unión Soviética? ¿Qué era yo al lado del poder y la fuerza del gobierno soviético? ¿Qué éramos cada uno de nosotros frente al sistema que nos rodeaba, con todos sus órganos de propaganda y sus medios de persecución? Sin embargo, por providencia divina, allí estábamos. Ese era el lugar que Él había elegido para nosotros, la situación y las circunstancias en las que nos había colocado. Una cosa podíamos hacer, y hacerla a diario: buscar primero el reino de Dios y su justicia, antes en nuestras propias vidas y después en las de quienes nos rodeaban.
W. J. Ciszek
caminando por valles oscuros.
Memorias de un jesuita en el gulag
(Palabra, Madrid 2015) 129.
Jesuita norteamericano que entró en Rusia
para difundir la palabra de Dios. Fue encarcelado
y pasó 15 años de trabajos forzados en Siberia (1904-1977).
cumpliendo la voluntad de Dios
El reino de Dios está en medio de vosotros, dice el Señor. ¡Qué evidentes y qué profundas me resultaban esas palabras en Norilsk! La Iglesia visible, reflejo del reino de Dios en este mundo, casi no existía en la inmensidad de Siberia. Allí los cristianos, y también yo, debíamos intentar servir a Dios envueltos en una atmósfera de descreimiento e impiedad, una atmósfera de propaganda atea casi asfixiante. Pero mi mayor consuelo era la fe palpable de los valientes cristianos a los que servía, testimonio vivo en medio de aquella tierra desolada del poder de la gracia de Dios y de la existencia de su reino. Su fe, su coraje me animaban cada día a ofrecer todas mis actividades, mis obras y sufrimientos por la obra de extender el reino de Dios en la tierra.
¿Qué era yo al lado de los millones de ateos de la Unión Soviética? ¿Qué era yo al lado del poder y la fuerza del gobierno soviético? ¿Qué éramos cada uno de nosotros frente al sistema que nos rodeaba, con todos sus órganos de propaganda y sus medios de persecución? Sin embargo, por providencia divina, allí estábamos. Ese era el lugar que Él había elegido para nosotros, la situación y las circunstancias en las que nos había colocado. Una cosa podíamos hacer, y hacerla a diario: buscar primero el reino de Dios y su justicia, antes en nuestras propias vidas y después en las de quienes nos rodeaban.
W. J. Ciszek
caminando por valles oscuros.
Memorias de un jesuita en el gulag
(Palabra, Madrid 2015) 129.
Jesuita norteamericano que entró en Rusia
para difundir la palabra de Dios. Fue encarcelado
y pasó 15 años de trabajos forzados en Siberia (1904-1977).