No está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho.
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora
La propiedad de la clemencia es que no sea forzada, cae como la dulce lluvia del cielo sobre el llano que esta por debajo de ella; es dos veces bendita; bendice al que la concede y al que la recibe…. Es un atributo de Dios mismo, y el poder terrestre se aproxima tanto como es posible al poder de Dios cuando la clemencia atempera la justicia…
William Shakespeare, (El Mercader de Venecia), act 4, esc 1
William Shakespeare, (El Mercader de Venecia), act 4, esc 1
El reino se extiende
cumpliendo la voluntad de Dios
El reino de Dios está en medio de vosotros, dice el Señor. ¡Qué evidentes y qué profundas me resultaban esas palabras en Norilsk! La Iglesia visible, reflejo del reino de Dios en este mundo, casi no existía en la inmensidad de Siberia. Allí los cristianos, y también yo, debíamos intentar servir a Dios envueltos en una atmósfera de descreimiento e impiedad, una atmósfera de propaganda atea casi asfixiante. Pero mi mayor consuelo era la fe palpable de los valientes cristianos a los que servía, testimonio vivo en medio de aquella tierra desolada del poder de la gracia de Dios y de la existencia de su reino. Su fe, su coraje me animaban cada día a ofrecer todas mis actividades, mis obras y sufrimientos por la obra de extender el reino de Dios en la tierra.
¿Qué era yo al lado de los millones de ateos de la Unión Soviética? ¿Qué era yo al lado del poder y la fuerza del gobierno soviético? ¿Qué éramos cada uno de nosotros frente al sistema que nos rodeaba, con todos sus órganos de propaganda y sus medios de persecución? Sin embargo, por providencia divina, allí estábamos. Ese era el lugar que Él había elegido para nosotros, la situación y las circunstancias en las que nos había colocado. Una cosa podíamos hacer, y hacerla a diario: buscar primero el reino de Dios y su justicia, antes en nuestras propias vidas y después en las de quienes nos rodeaban.
W. J. Ciszek
caminando por valles oscuros.
Memorias de un jesuita en el gulag
(Palabra, Madrid 2015) 129.
Jesuita norteamericano que entró en Rusia
para difundir la palabra de Dios. Fue encarcelado
y pasó 15 años de trabajos forzados en Siberia (1904-1977).
cumpliendo la voluntad de Dios
El reino de Dios está en medio de vosotros, dice el Señor. ¡Qué evidentes y qué profundas me resultaban esas palabras en Norilsk! La Iglesia visible, reflejo del reino de Dios en este mundo, casi no existía en la inmensidad de Siberia. Allí los cristianos, y también yo, debíamos intentar servir a Dios envueltos en una atmósfera de descreimiento e impiedad, una atmósfera de propaganda atea casi asfixiante. Pero mi mayor consuelo era la fe palpable de los valientes cristianos a los que servía, testimonio vivo en medio de aquella tierra desolada del poder de la gracia de Dios y de la existencia de su reino. Su fe, su coraje me animaban cada día a ofrecer todas mis actividades, mis obras y sufrimientos por la obra de extender el reino de Dios en la tierra.
¿Qué era yo al lado de los millones de ateos de la Unión Soviética? ¿Qué era yo al lado del poder y la fuerza del gobierno soviético? ¿Qué éramos cada uno de nosotros frente al sistema que nos rodeaba, con todos sus órganos de propaganda y sus medios de persecución? Sin embargo, por providencia divina, allí estábamos. Ese era el lugar que Él había elegido para nosotros, la situación y las circunstancias en las que nos había colocado. Una cosa podíamos hacer, y hacerla a diario: buscar primero el reino de Dios y su justicia, antes en nuestras propias vidas y después en las de quienes nos rodeaban.
W. J. Ciszek
caminando por valles oscuros.
Memorias de un jesuita en el gulag
(Palabra, Madrid 2015) 129.
Jesuita norteamericano que entró en Rusia
para difundir la palabra de Dios. Fue encarcelado
y pasó 15 años de trabajos forzados en Siberia (1904-1977).
Dolça Catalunya
pàtria del meu cor,
quan de tu s’allunya
d’enyorança es mor.
Hermosa vall, bressol de ma infantesa,
blanc Pirineu,
marges i rius, ermita al cel suspesa,
per sempre adéu!
Arpes del bosc, pinsans i caderneres,
cantau, cantau,
jo dic plorant a boscos i riberes:
adéu-siau!
¿On trobaré tos sanitosos climes,
ton cel daurat?
Mes ai, mes ai! ¿on trobaré tes cimes,
bell Montserrat?
Enlloc veuré, ciutat de Barcelona,
ta hermosa Seu,
ni eixos turons, joiells de la corona
que et posà Déu.
Adéu, germans: adéu-siau, mon pare,
no us veuré més!
Oh! ¡si al fossar on jau ma dolça mare,
jo el llit tingués!
¡Oh mariners, lo vent que me’n desterra
que em fa sofrir!
Estic malalt, mes ai! ¡tornau-me a terra,
que hi vull morir!
Jacint Verdaguer “L'emigrant”
pàtria del meu cor,
quan de tu s’allunya
d’enyorança es mor.
Hermosa vall, bressol de ma infantesa,
blanc Pirineu,
marges i rius, ermita al cel suspesa,
per sempre adéu!
Arpes del bosc, pinsans i caderneres,
cantau, cantau,
jo dic plorant a boscos i riberes:
adéu-siau!
¿On trobaré tos sanitosos climes,
ton cel daurat?
Mes ai, mes ai! ¿on trobaré tes cimes,
bell Montserrat?
Enlloc veuré, ciutat de Barcelona,
ta hermosa Seu,
ni eixos turons, joiells de la corona
que et posà Déu.
Adéu, germans: adéu-siau, mon pare,
no us veuré més!
Oh! ¡si al fossar on jau ma dolça mare,
jo el llit tingués!
¡Oh mariners, lo vent que me’n desterra
que em fa sofrir!
Estic malalt, mes ai! ¡tornau-me a terra,
que hi vull morir!
Jacint Verdaguer “L'emigrant”
El caballero andante que surge de la imitación novelesca, refuerza la parodia y la locura; pero el caballero que brota del hombre bueno y culto que vive en carne propia la aventura, lo va a conseguir por su buen obrar, porque cada uno es, como repite, “hijo de sus obras”.
Santiago Arellano
Santiago Arellano