Ven, Redentor del mundo:
tu excelso nacimiento
de Madre siempre Virgen
admira a tierra y Cielo.
Tal a Dios convenía,
no de varón nacido
sino de casta Virgen,
por obra del Espíritu.
El Verbo se hizo carne,
y sigue siendo Virgen:
Dios mora ya en su seno,
como en un templo vive.
Que se alce ya Dios Hombre
de su morada regia,
como esforzado Héroe
que salvará a la tierra.
Igual al Padre eterno,
la carne en sí redime:
tomando nuestro cuerpo,
lo débil hace firme.
La luz de su Pesebre
la oscura noche venza:
no se interpongan sombras
y siempre la fe crezca.
A Cristo, Rey clemente,
al Padre y al Paráclito,
eternas alabanzas cantemos,
con los Santos.
Amén.
tu excelso nacimiento
de Madre siempre Virgen
admira a tierra y Cielo.
Tal a Dios convenía,
no de varón nacido
sino de casta Virgen,
por obra del Espíritu.
El Verbo se hizo carne,
y sigue siendo Virgen:
Dios mora ya en su seno,
como en un templo vive.
Que se alce ya Dios Hombre
de su morada regia,
como esforzado Héroe
que salvará a la tierra.
Igual al Padre eterno,
la carne en sí redime:
tomando nuestro cuerpo,
lo débil hace firme.
La luz de su Pesebre
la oscura noche venza:
no se interpongan sombras
y siempre la fe crezca.
A Cristo, Rey clemente,
al Padre y al Paráclito,
eternas alabanzas cantemos,
con los Santos.
Amén.
Tiembla el frío de los astros,
y el silencio de los montes
duerme sin fin (solo el agua
de mi corazón se oye).
Su dulce latir, ¡tan dentro!,
calladamente responde
a la soledad inmensa
de algo que late en la noche.
Somos tuyos, tuyos, tuyos;
somos, Señor, ese insomne
temblor del agua nocturna,
más limpia después que corre.
¡Agua en reposo viviente,
que vuelve a ser pura y joven
con una esperanza! (solo
en mi alma sonar se oye).
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
Amén.
y el silencio de los montes
duerme sin fin (solo el agua
de mi corazón se oye).
Su dulce latir, ¡tan dentro!,
calladamente responde
a la soledad inmensa
de algo que late en la noche.
Somos tuyos, tuyos, tuyos;
somos, Señor, ese insomne
temblor del agua nocturna,
más limpia después que corre.
¡Agua en reposo viviente,
que vuelve a ser pura y joven
con una esperanza! (solo
en mi alma sonar se oye).
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
Amén.
En esta noche se tocan dos grandes misterios, que afectan al hombre y a Dios, que nos afectan a cada uno de nosotros: la Navidad y la Pascua. No es según la naturaleza de Dios nacer como un niño humano y no es según la naturaleza humana resucitar de entre los muertos. Este es el don como posibilidad real para cada uno de nosotros, el don del Padre en la persona de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Rupnik
Rupnik
Ya palpita el corazón
Ya todo está en silencio, esposa mía;
reposa, fatigoso fue el camino.
La noche que a mi alma sobrevino
no pudo derrotarla, mas confía.
Belén, ¿a ti vendrá la luz del día?
¿Oiré allí por fin un son divino?
¿Aún soportaré al cruel dañino
que siembra en mi ánimo porfía?
Despiertas ya María. ¿Has dormido?
― Pues sí, esposo mío. Mas un don
dejó mi dulce sueño conmovido.
La fuente donde brota el perdón
manando está al compás de su latido…
Escucha. Ya palpita el Corazón.
Enrique Martínez
Ya todo está en silencio, esposa mía;
reposa, fatigoso fue el camino.
La noche que a mi alma sobrevino
no pudo derrotarla, mas confía.
Belén, ¿a ti vendrá la luz del día?
¿Oiré allí por fin un son divino?
¿Aún soportaré al cruel dañino
que siembra en mi ánimo porfía?
Despiertas ya María. ¿Has dormido?
― Pues sí, esposo mío. Mas un don
dejó mi dulce sueño conmovido.
La fuente donde brota el perdón
manando está al compás de su latido…
Escucha. Ya palpita el Corazón.
Enrique Martínez