Forwarded from La Espada de Roma (Sergio)
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Revista Hispánica
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"¿Y qué es lo que representa Hamlet? Ante todo, el análisis y el egoísmo y, por tanto, la incredulidad. Solo vive para sí mismo, es un egoísta; pero este egoísta ni siquiera puede creer en sí mismo; pues solo se puede creer en lo que está fuera de nosotros, por encima de nosotros. No obstante, ese yo en el que ‘no cree’ le resulta muy caro a Hamlet. Es su punto de partida, al que regresa continuamente, ya que no encuentra nada en este mundo a lo que poder ligarse con toda su alma. Es un escéptico al que solo preocupa e interesa su propia persona; en todo momento piensa no en sus deberes, sino en su propia situación. Al dudar de todo, Hamlet no se compadece de sí mismo; su espíritu está demasiado desarrollado como para contentarse con lo que hay en su propia persona. Es consciente de su propia debilidad, pero en toda conciencia de sí mismo hay fuerza; de ahí proviene su ironía, contraria al entusiasmo de don Quijote."
“Hamlet se flagela con entusiasmo, de manera exagerada, se analiza a sí mismo sin descanso, bucea incesantemente en su interior, conoce en todo detalle cada una de sus faltas, las desprecia, se desprecia a sí mismo; y al mismo tiempo, puede decirse, vive, se alimenta de ese desprecio. Es decir: no cree en sí mismo y, sin embargo, es vanidoso. No sabe lo que quiere ni para qué vive y, sin embargo, siente apego por la vida... "-¡Oh Dios, oh Dios! (exclama en la segunda escena del primer acto), si el Eterno no hubiera dictado su ley contra el suicidio!... ¡Qué fatigosas, rancias e inútiles me parecen todas las costumbres de este mundo!".
Pero no sacrificará esa fatigosa y rancia vida; sueña con el suicidio hasta la aparición de la sombra de su padre,
hasta que recibe la terrible misión que aniquilará definitivamente su ya quebrantada voluntad; pero no se mata. Su amor a la vida se manifiesta incluso en esos mismos sueños de terminar con ella…
Pero no debemos ser muy severos con Hamlet, pues en verdad sufre, y sus sufrimientos son más dolorosos y profundos que los de don Quijote.”
Turguénev
“Hamlet se flagela con entusiasmo, de manera exagerada, se analiza a sí mismo sin descanso, bucea incesantemente en su interior, conoce en todo detalle cada una de sus faltas, las desprecia, se desprecia a sí mismo; y al mismo tiempo, puede decirse, vive, se alimenta de ese desprecio. Es decir: no cree en sí mismo y, sin embargo, es vanidoso. No sabe lo que quiere ni para qué vive y, sin embargo, siente apego por la vida... "-¡Oh Dios, oh Dios! (exclama en la segunda escena del primer acto), si el Eterno no hubiera dictado su ley contra el suicidio!... ¡Qué fatigosas, rancias e inútiles me parecen todas las costumbres de este mundo!".
Pero no sacrificará esa fatigosa y rancia vida; sueña con el suicidio hasta la aparición de la sombra de su padre,
hasta que recibe la terrible misión que aniquilará definitivamente su ya quebrantada voluntad; pero no se mata. Su amor a la vida se manifiesta incluso en esos mismos sueños de terminar con ella…
Pero no debemos ser muy severos con Hamlet, pues en verdad sufre, y sus sufrimientos son más dolorosos y profundos que los de don Quijote.”
Turguénev