__𝚂𝚒 𝚖𝚎 𝚙𝚒𝚍𝚎𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚊𝚖𝚎, 𝚎𝚕 𝚖𝚞𝚗𝚍𝚘 𝚊𝚛𝚍𝚎𝚛𝚊́, 𝚙𝚘𝚛𝚚𝚞𝚎 𝚍𝚎 𝚘𝚝𝚛𝚊 𝚏𝚘𝚛𝚖𝚊 𝚗𝚘 𝚜𝚎́ 𝚚𝚞𝚎𝚛𝚎𝚛.
❤9👍1
Yo me enamoré de sus demonios, ella de mi oscuridad. Éramos el infierno perfecto.
😢3
Pasan los minutos, también las horas,
pero espero con calma, sin pensar de más.
Ya se fue medio verano, el otoño no tarda,
solo trato de conservar la paz.
Ocupo la mente, la entretengo para no pensarte,
porque si lo hago, puede que empiece a llorar.
Miro el azul del cielo, me recuerda tus ojos,
si siento los rayos del sol, te extraño más.
Siento la brisa cruzarse entre mis cabellos,
recuerdo cuando tu abrazo me hacía suspirar.
Me resulta inútil el intentar no pensarte,
como ves, te escribo versos sin parar.
Por hoy me rendiré, tomaré una siesta,
así mi mente, en sueños, de nuevo te acariciará.
pero espero con calma, sin pensar de más.
Ya se fue medio verano, el otoño no tarda,
solo trato de conservar la paz.
Ocupo la mente, la entretengo para no pensarte,
porque si lo hago, puede que empiece a llorar.
Miro el azul del cielo, me recuerda tus ojos,
si siento los rayos del sol, te extraño más.
Siento la brisa cruzarse entre mis cabellos,
recuerdo cuando tu abrazo me hacía suspirar.
Me resulta inútil el intentar no pensarte,
como ves, te escribo versos sin parar.
Por hoy me rendiré, tomaré una siesta,
así mi mente, en sueños, de nuevo te acariciará.
❤5
LA TRISTEZA
Algunas veces me hago amigo de la tristeza.
Entonces no me golpea, me abraza.
Esos días no está enfrente,
afilada, indiferente, fría y distante.
Se sienta conmigo, en silencio.
Me mira con más cariño que pena,
pone su mano en mi hombro
y me atrae hacia sí, maternal y serena.
En su ternura late una promesa:
«No me quedaré mucho. Lo sabes.»
Lo sé.
Su compañía, entonces, no es áspera.
Su presencia no incomoda.
He aprendido a bailar también con ella.
No lo hacemos mal.
Se irá pronto.
Volverán el canto, la palabra, los amigos,
la risa, el fulgor en los ojos,
la alegría cansada del final de la jornada.
Pero sé que, aún invisible,
ella me ronda
para pasar algún rato conmigo,
eterna compañera
de batallas que lucho desde siempre.
Algunas veces me hago amigo de la tristeza.
Entonces no me golpea, me abraza.
Esos días no está enfrente,
afilada, indiferente, fría y distante.
Se sienta conmigo, en silencio.
Me mira con más cariño que pena,
pone su mano en mi hombro
y me atrae hacia sí, maternal y serena.
En su ternura late una promesa:
«No me quedaré mucho. Lo sabes.»
Lo sé.
Su compañía, entonces, no es áspera.
Su presencia no incomoda.
He aprendido a bailar también con ella.
No lo hacemos mal.
Se irá pronto.
Volverán el canto, la palabra, los amigos,
la risa, el fulgor en los ojos,
la alegría cansada del final de la jornada.
Pero sé que, aún invisible,
ella me ronda
para pasar algún rato conmigo,
eterna compañera
de batallas que lucho desde siempre.
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