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Por la Reconstitución Revolucionaria Comunista para la emancipación del proletariado mundial, que rompa las cadenas de la opresión de la burguesía y del capital.
No al revisionismo.
No al reformismo.
No al oportunismo parlamentario.

Internacionalismo.
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La burguesía tiene sus razones para hacer tentativas de restauración, porque después de su derrocamiento sigue siendo, durante mucho tiempo todavía, más fuerte que el proletariado que la derrocó.Si los explotadores son derrotados solamente en un país, y este es, naturalmente, el caso típico, porque la revolución simultánea en varios países constituye una excepción rara, seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados.

¿En qué consiste la fuerza de la burguesía derrocada?

En primer lugar, "en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía".

En segundo lugar, en que, "durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando, inevitablemente, muchas y enormes ventajas efectivas: les quedan el dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe) y algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos; les quedan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los "secretos" (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración; les quedan una instrucción más elevada y su intimidad con el alto personal técnico (que vive y piensa en burgués); les queda (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc."

En tercer lugar, "en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, desgraciadamente, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en masa"..., porque "suprimir las clases no solo significa expulsar a los terratenientes y a los capitalistas –esto lo hemos hecho nosotros con relativa facilidad–, sino también suprimir los pequeños productores de mercancías; pero a estos no se les puede expulsar, no se les puede aplastar; con ellos hay que convivir, y solo se puede (y se debe) transformarlos, reeducarlos, mediante una labor de organización muy larga, lenta y prudente".
Bajo la dictadura del proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y de pequeños propietarios, a centenares de miles de empleados, de funcionarios, de intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al Estado proletario y a la dirección proletaria; habrá que vencer en ellos los hábitos burgueses y las tradiciones burguesas. Pero habrá también que reeducar, en lucha prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses de golpe, por un milagro, por obra y gracia del espíritu santo o por el efecto mágico de una consigna, de una resolución o un decreto, sino únicamente en una lucha de masas prolongada y difícil contra la influencia de las ideas pequeñoburguesas entre las masas.
El grupo de vanguardia (los conductores del proceso de ideologización) es ideológicamente más avanzado que la masa; esta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que le permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos solo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no solo sobre la clase derrotada, sino también individualmente, sobre la clase vencedora.
"Solo la minoría consciente (es decir, el Partido) puede dirigir a las grandes masas obreras y hacer que la sigan" y que en este sentido, precisamente, "entendemos, en esencia, por dictadura del proletariado la dictadura de su minoría organizada y consciente". Decir "en esencia" no equivale a decir "íntegramente". [...] Si el Partido ejerce la dictadura del proletariado, y en este sentido la dictadura del proletariado es, en esencia, la "dictadura" de su Partido, esto no significa todavía que la "dictadura del Partido" (su papel dirigente) sea idéntica a la dictadura del proletariado, que la primera sea, por sus proporciones, igual a la segunda. [...] El Partido ejerce la dictadura del proletariado, la del proletariado, y no otra cualquiera. [...] Ni una sola decisión importante de las organizaciones de masas del proletariado se adopta sin las directivas del Partido. Esto es muy cierto. Pero ¿significa esto, acaso, que la dictadura del proletariado se reduzca a las directivas del Partido? ¿Significa esto, acaso, que, por tal razón, las directivas del Partido puedan identificarse con la dictadura del proletariado? ¡Naturalmente que no! La dictadura del proletariado consiste en las directivas del Partido, más el cumplimiento de estas directivas por las organizaciones de masas del proletariado, más su puesta en práctica por la población. Aquí tenemos, como puede verse, toda una serie de transiciones y grados intermedios, que constituyen un elemento nada despreciable de la dictadura del proletariado. Entre las directivas del Partido y su puesta en práctica, media, pues, la voluntad y la acción de los dirigidos, la voluntad y la acción de la clase, su disposición (o su falta de disposición) a apoyar estas directivas, su aptitud (o ineptitud) para cumplirlas, su aptitud (o ineptitud) para cumplirlas precisamente en la forma que exige la situación. No creo que sea preciso demostrar que el Partido, que se ha hecho cargo de la dirección, no puede dejar de tener en cuenta la voluntad, el estado y el grado de conciencia de los dirigidos, no puede descartar la voluntad, el estado y el grado de conciencia de su clase. Por eso, quien identifica el papel dirigente del Partido con la dictadura del proletariado, sustituye la voluntad y la acción de la clase por las directivas del Partido.
La cuestión planteada tiene, en efecto, inmensa importancia: primero, se trata de una cuestión de principio, de saber si el nombramiento de determinadas personas investidas de poderes dictatoriales ilimitados es, en general, compatible con los principios cardinales del Poder soviético; segundo, de saber que relación guarda este caso –o este precedente, si se quiere– con las tareas especiales del poder en el momento concreto actual. Ambas cuestiones deben ser examinadas con la mayor atención. La experiencia irrefutable de la historia muestra que la dictadura de ciertas personas ha sido con mucha frecuencia, en el curso de los movimientos revolucionarios, la expresión de la dictadura de las clases revolucionarias, su portadora y su vehículo. [...] Así pues, no existe absolutamente ninguna contradiccion de principio entre la democracia sovietica (es decir, socialista) y el ejercicio del poder dictatorial por ciertas personas.

Volvemos ahora a una cuestión decidida ya hace tiempo, de una manera que aprobó y aclaró el Comité Ejecutivo Central: a saber, que la democracia socialista soviética no es en modo alguno incompatible con el gobierno y la dictadura de una sola persona; que hay tiempos en que quien realiza mejor la voluntad de una clase es un dictador, el cual a veces cumple más estando solo y es más necesario con frecuencia.
Por lo que se refiere a la segunda cuestión (el significado precisamente del poder dictatorial unipersonal desde el punto de vista de las tareas especificas del momento presente), debemos decir que toda gran industria mecanizada –es decir, precisamente el origen y la base material, de producción, del socialismo– requiere una unidad de voluntad absoluta y rigurosísima que dirija el trabajo común de centenares, miles y decenas de miles de personas. Esta necesidad es evidente desde tres puntos de vista –técnico, económico e histórico–, y cuantos pensaban en el socialismo la han tenido siempre por una condición para llegar a él. Pero, ¿como puede asegurarse la más rigurosa unidad de voluntad? Supeditando la voluntad de miles de personas a la de una sola. Si quienes participan en el trabajo común poseen una conciencia y una disciplina ideales, esta supeditación puede recordar más bien la suavidad con que conduce un director de orquesta. Si no existen esa disciplina y esa conciencia ideales, la supeditación puede adquirir las formas tajantes de la dictadura. Pero, de un modo u otro modo, la supeditación incondicional a una voluntad única es absolutamente necesaria para el buen éxito de los procesos del trabajo, organizado al estilo de la gran industria mecanizada. [...] Estamos muy lejos aún de haber asegurado plenamente el sometimiento incondicional, durante el trabajo, a las disposiciones de una sola persona, de los dirigentes soviéticos, de los dictadores, elegidos o designados por las instituciones soviéticas, dotados de plenos poderes dictatoriales (como lo exige, por ejemplo, el decreto ferroviario).
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MUCHA TENSIÓN EN EEUU 🇺🇸

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La región metropolitana está siendo "impulsada" por los militares antes de la investidura de Joe Biden.

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