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Por la Reconstitución Revolucionaria Comunista para la emancipación del proletariado mundial, que rompa las cadenas de la opresión de la burguesía y del capital.
No al revisionismo.
No al reformismo.
No al oportunismo parlamentario.

Internacionalismo.
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Problemas_de_política_nacional_e_internacionalismo_proletario_Lenin.PDF
65.8 MB
"Problemas de la Política Nacional e Internacionalismo Proletario"

Vladímir Ilich Lenin.
Grundrisse_Tomo_I.pdf
6.1 MB
Grundrisse Tomo I.
Karl Marx.
marx_grundrisse_tomo_ii.pdf
5.8 MB
Grundrisse Tomo II.
Karl Marx.
Grundrisse_tomo_3.pdf
3.3 MB
Grundrisse Tomo III.
Karl Marx.
Media is too big
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La Bandha del Patio - "Pensar Es Un Peligro".
"Hasta aquí —escribe Kautsky— la diferencia entre los socialdemócratas y los anarquistas consistía en que los primeros quieren conquistar el Poder del Estado, y los
segundos, destruirlo. Pannekoek quiere las dos cosas" (pág. 724).
Si en Pannekoek la exposición adolece de falta de claridad y no es lo bastante concreta (para no hablar aquí de otros defectos de su artículo, que no interesan al
tema de que tratamos), Kautsky, en cambio, toma precisamente la esencia de principio de la cuestión sugerida por Pannekoek y en esta cuestión cardinal y de principio
Kautsky abandona entera mente la posición del marxismo y se pasa con armas y bagajes al oportunismo. La diferencia entre los socialdemócratas y los anarquistas
aparece definida en él de un modo completamente falso, y el marxismo se ve definitivamente tergiversado y envilecido.
La diferencia entre los marxistas y los anarquistas consiste en lo siguiente: 1) En que los primeros, proponiéndose como fin la destrucción completa del Estado,
reconocen que este fin sólo puede alcanzarse después que la revolución socialista haya destruido las clases, como resultado de la instauración del socialismo, que conduce a la extinción del Estado; mientras que los segundos quieren destruir completamente el Estado de la noche a la mañana, sin comprender las condiciones bajo las que puede lograrse esta destrucción. 2) En que ]os primeros reconocen la necesidad de que el proletariado, después de conquistar el Poder político, destruya completamente la vieja máquina del Estado, sustituyéndola por otra nueva, formada por la organización de los obreros armados, según el tipo de la Comuna; mientras que los segundos, abogando por la destrucción de la máquina del Estado, tienen una idea absolutamente confusa respecto al punto de con qué ha de sustituir esa máquina el proletariado y cómo éste ha de emplear el Poder revolucionario; los anarquistas niegan incluso el empleo del Poder estatal por el proletariado revolucionario, su dictadura revolucionaria. 3) En que los primeros exigen que el proletariado se prepare para la revolución utilizando el Estado moderno, mientras que los anarquistas niegan esto.
Para encubrir su tergiversación del marxismo, Kautsky procede como un buen exégeta de los evangelios: nos dispara una "cita" del propio Marx. En 1850 Marx había
escrito acerca de la necesidad de una "resuelta centralización de la fuerza en manos del Poder del Estado". Y Kautsky pregunta, triunfal: ¿Acaso pretende Pannekoek
destruir el "centralismo"?
Este es ya, sencillamente, un juego de manos, parecido a la identificación que hace Bernstein del marxismo y del proudhonismo en sus puntos de vista sobre el
federalismo que él opone al centralismo.
La "cita" tomada por Kautsky es totalmente inadecuada al caso. El centralismo cabe tanto en la vieja como en la nueva máquina del Estado. Si los obreros unen
voluntariamente sus fuerzas armadas, esto será centralismo, pero un centralismo basado en la "completa destrucción" del aparato centralista del Estado, del ejército
permanente, de la policía, de la burocracia. Kautsky se comporta en absoluto como un estafador, al eludir los pasajes perfectamente conocidos de Marx y Engels sobre la Comuna y destacando una cita que no guarda ninguna relación con el asunto.
"¿Acaso quiere Pannekoek abolir las funciones estatales de los funcionarios? -- prosigue Kautsky --. Pero ni en el Partido ni en los sindicatos, y no digamos en la
administración pública, podemos prescindir de funcionarios. Nuestro programa no pide la supresión de los funcionarios del Estado, sino la elección de los funcionarios por el pueblo. . . De lo que en esta discusión se trata no es de saber qué estructura presentará el aparato administrativo del 'Estado del porvenir', sino de saber si -nuestra
lucha política destruirá [literalmente: disolverá, auflöst ] el Poder del Estado antes de haberlo conquistado nosotros [subrayado por Kautsky]. ¿Qué ministerio, con sus
funcionarios, podría suprimirse?" Y se enumeran los ministerios de Instrucción, de Justicia, de Hacienda, de Guerra. "No, con nuestra lucha política contra el gobierno no
eliminaremos ninguno de los actuales ministerios . . . Lo repito, para prevenir equívocos: aquí no se trata de la forma que dará al 'Estado del porvenir' la socialdemocracia triunfante, sino de la que quiere dar al Estado actual nuestra oposición" (pág. 725).
Aquí no se trata de la oposición ni de la lucha política en general, sino precisamente de la revolución. La revolución consiste en que el proletariado destruye el "aparato
administrativo" y todo el aparato del Estado, sustituyéndolo por otro nuevo, formado por los obreros armados. Kautsky revela una "veneración supersticiosa" de los
"ministerios", pero ¿por qué estos ministerios no han de poder sustituirse, supongamos, por comisiones de especialistas adjuntas a los Soviets soberanos y
todopoderosos de Diputados Obreros y Soldados?
La esencia de la cuestión no está, ni mucho menos, en saber si han de seguir los "ministerios" o si ha de haber "comisiones de especialistas" o cualesquiera otras
instituciones; esto es completamente secundario. La esencia de la cuestión está en si se mantiene la vieja máquina del Estado (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta el tuétano de rutina y de inercia), o si se la destruye, sustituyéndola por otra nueva. La revolución debe consistir, no en que la nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina del Estado, sino en que destruya esta máquina y mande, gobierne con ayuda de otra nueva : este pensamiento fundamental del marxismo se esfuma en Kautsky, o bien éste no lo ha comprendido en absoluto.
La pregunta que hace a propósito de los funcionarios demuestra palpablemente que no ha comprendido las enseñanzas de la Comuna, ni la doctrina de Marx. "Ni en el
Partido ni en los sindicatos podemos prescindir de funcionarios' . . .
No podemos prescindir de funcionarios bajo el capitalismo, bajo la dominación de la burguesía. El proletariado está oprimido, las masas trabajadoras están esclavizadas
por el capitalismo. Bajo el capitalismo, la democracia se ve coartada, cohibida, truncada, mutilada por todo el ambiente de la esclavitud asalariada, por la penuria y la
miseria de las masas. Por esto, y solamente por esto, los funcionarios de nuestras organizaciones políticas y sindicales se corrompen (o, para decirlo más exactamente,
tienden a corromperse) bajo el ambiente del capitalismo y muestran la tendencia a convertirse en burócratas, es decir, en personas privilegiadas, divorciadas de las
masas, situadas por encima de las masas.
En esto reside la esencia del burocratismo, y mientras los capitalistas no sean expropiados, mientras no se derribe a la burguesía, será inevitable una cierta burocratización" incluso de los funcionarios proletarios.
Kautsky presenta la cosa así: puesto que sigue habiendo funcionarios electivos, esto quiere decir que bajo el socialismo sigue habiendo también burócratas, Ique sigue
habiendo burocracia! Y esto es precisamente lo que es falso. Precisamente sobre el ejemplo de la Comuna, Marx puso de manifiesto que bajo el socialismo los funcionarios dejan de ser "burócratas", dejan de ser "funcionarios", dejan de serlo a medida que se implanta, además de la elegibilidad, la amovilidad en todo momento, y, además de esto, los sueldos equiparados al salario medio de un obrero, y, además de esto, la sustitución de las instituciones parlamentarias por "instituciones de trabajo, es decir, que dictan leyes y las ejecutan".
En el fondo, toda la argumentación de Kautsky contra Pannekoek, y especialmente su notable argumento de que tampoco en las organizaciones sindicales y del Partido
podemos prescindir de funcionarios, revelan la repetición por parte de Kautsky de los viejos "argumentos" de Bernstein contra el marxismo en general. En su libro de
renegado "Las premisas del socialismo", Bernstein combate las ideas de la democracia "primitiva", lo que él llama "democratismo doctrinario": mandatos imperativos,
funcionarios sin sueldo, una representación central impotente, etc. Como prueba de que este democratismo "primitivo" es inconsistente, Bernstein se refiere a la
experiencia de las tradeuniones inglesas, en la interpretación de los esposos Webb.
Según ellos, en los setenta años que llevan de existencia, las tradeuniones, que se han desarrollado, a su decir, "en completa libertad" (página 137 de la edición alemana), se han convencido precisamente de la inutilidad del democratismo primitivo y han sustituido éste por el democratismo corriente: por el parlamentarismo, combinado con el burocratismo.
En realidad, las tradeuniones no se han desarrollado "en completa libertad", sino en completa esclavitud capitalista, bajo la cual es lógico que "no pueda prescindirse" de
una serie de concesiones a los males imperantes, a la violencia, a la falsedad, a la exclusión de los pobres de los asuntos de la "alta" administración. Bajo el socialismo,
revive inevitablemente mucho de la democracia "primitiva", pues por primera vez en la historia de las sociedades civilizadas la masa de la población se eleva para intervenir por cuenta propia no sólo en votaciones y en elecciones, sino también en la labor diaria de la administración. Bajo el socialismo, t o d o s intervendrán por turno en la dirección y se habituarán rápidamente a que ninguno dirija.
Con su genial inteligencia crítico-analítica, Marx vio en las medidas prácticas de la Comuna aquel viraje que temen y no quieren reconocer los oportunistas por cobardía,
por no querer romper irrevocablemente con la burguesía, y que los anarquistas no quieren ver, o por precipitación o por incomprensión de las condiciones en que se
producen las transformaciones sociales de masas en general, "No hay ni que pensar en destruir la vieja máquina del Estado, pues ¿cómo vamos a arreglárnoslas sin
ministerios y sin burócratas?", razona el oportunista, infestado de filisteísmo hasta el tuétano y que, en el fondo no sólo no cree en la revolución, en la capacidad creadora de la revolución, sino que la teme como a la muerte (como la temen nuestros mencheviques y socialrevolucionarios).
"Sólo hay que pensar en destruir la vieja máquina del Estado, no hay por qué ahondar en las enseñanzas concretas de las anteriores revoluciones proletarias ni
analizar con qué y cómo sustituir lo destruido", razonan los anarquistas (los mejores anarquistas, naturalmente, no los que van a la zaga de la burguesía tras los señores
Kropotkin y Cía.); de donde resulta, en los anarquistas, la táctica de la desesperación, y no la táctica de una labor revolucionaria sobre objetivos concretos, implacable y
audaz, y que al mismo tiempo, tenga en cuenta las condiciones prácticas del movimiento de masas.
Marx nos enseña a evitar ambos errores, nos enseña a ser de una intrepidez sin límites en la destrucción de toda la vieja máquina del Estado, pero al mismo tiempo
nos enseña a plantear la cuestión de un modo concreto: la Comuna pudo en unas cuantas semanas comenzar a construir una nueva máquina, una máquina proletaria de
Estado, implantando de este modo las medidas señaladas para ampliar el democratismo y desarraigar el burocratismo. Aprendamos de los comuneros la
intrepidez revolucionaria, veamos en sus medidas prácticas un esbozo de las medidas prácticamente urgentes e inmediatamente aplicables, y entonces, siguiendo este
camino, llegaremos a la destrucción completa del burocratismo.
La posibilidad de esta destrucción está garantizada por el hecho de que el socialismo reduce la jornada de trabajo, eleva a las masas a una nueva vida, coloca a la mayoría te la población en condiciones que permiten a todos, sin excepción, ejercer las "funciones del Estado", y esto conduce a la extinción completa de todo Estado en general.
". . . La tarea de la huelga general -- prosigue Kautsky -- no puede ser nunca la de destruir el Poder del Estado, sino simplemente la de obligar a un gobierno a ceder en
un determinado punto o la de sustituir un gobierno hostil al proletariado por otro dispuesto a hacerle concesiones [entgegenkommende ]. . . Pero jamás, ni en modo
alguno, puede esto [es decir, la victoria del proletariado sobre un gobierno hostil] conducir a la destrucción del Poder del Estado, sino pura y simplemente a un cierto
desplazamiento [Verschiébung ] de la relación de fuerzas dentro del Poder del Estado.
Y la meta de nuestra lucha política sigue siendo, con esto, la que ha sido hasta aquí:
conquistar el Poder del Estado ganando la mayoría en el parlamento y hacer del parlamento el dueño del gobierno" (págs. 726, 721, 732).
Esto es ya el más puro y el más vil oportunismo, es ya renunciar de hecho a la revolución acatándola de palabra. El pensamiento de Kautsky no va más allá de "un gobierno dispuesto a hacer concesiones al proletariado", lo que significa un paso atrás hacia el filisteísmo, en comparación con el año 1847, en que el "Manifiesto Comunista" proclamaba la "organización del proletariado en clase dominante".
Kautsky tendrá que realizar la "unidad", tan preferida por él, con los Scheidemann, los Plejánov, los Vandervelde, todos los cuales están de acuerdo en luchar por un
gobierno "dispuesto a hacer concesiones al proletariado".
Pero nosotros iremos a la ruptura con estos traidores al socialismo y lucharemos por la destrucción de toda la vieja máquina del Estado, para que el mismo proletariado
armado sea el gobierno. Son "dos cosas muy distintas".
Kautsky quedará en la grata compañía de los Legien y los David, los Plejánov, los Pótresov, los Tsereteli y los Chernov, que están completamente de acuerdo en luchar
por "un desplazamiento de la relación de fuerzas dentro del Poder del Estado", por "ganar la mayoría en el parlamento y hacer del parlamento el dueño del gobierno",
nobilísimo fin en el que todo es aceptable para los oportunistas, todo permanece en el marco de la república parlamentaria burguesa. Pero nosotros iremos a la ruptura con los oportunistas; y todo el proletariado consciente estará con nosotros en la lucha, no por "el desplazamiento de la relación de fuerzas", sino por el derrocamiento de la burguesía, por la destrucción del parlamentarismo burgués, por una República democrática del tipo de la Comuna o una República de los Soviets de Diputados
Obreros y Soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado.
Más a la derecha que Kautsky están situadas, en el socialismo internacional, corrientes como la de los "Cuadernos mensuales socialistas" en Alemania (Legien,
David, Kolb y muchos otros, incluyendo a los escandinavos Stauning y Branting~, los jauresistas y Vandervelde en Francia y Bélgica, Turati, Treves y otros representantes del ala derecha del partido italiano, los fabianos y los "independientes" ("Partido Laborista Independiente", que en realidad ha estado siempre bajo la dependencia de los liberales) en Inglaterra, etc. Todos estos señores, que desempeñan un papel enorme, no pocas veces predominante, en la labor parlamentaria y en la labor publicitaria del partido, niegan francamente la dictadura del proletariado y practican un oportunismo descarado. Para estos señores, la "dictadura" del proletariado
¡¡"contradice" la democracia!! No se distinguen sustancialmente en nada serio de los demócratas pequeñoburgueses.
Si tenemos en cuenta esta circunstancia, tenemos derecho a llegar a la conclusión de que la Segunda Internacional, en la aplastante mayoría de sus representantes
ofíciales, ila caído de lleno en el oportunismo. La experiencia de la Comuna no ha sido solamente olvidada, sino tergiversada. No sólo no se inculcó a las masas obreras que se acerca el día en que deberán levantarse y destruir la vieja máquina del Estado, sustituyéndola por una nueva y convirtiendo así su dominación política en base para la transformación socialista de la sociedad, sino que se les inculcó todo lo contrario y se presentó la "conquista del Poder" de tal modo, que se dejaban miles de portillos abiertos al oportunismo.
La tergiversación y el silenciamiento de la cuestión de la actitud de la revolución proletaria hacia el Estado no podían por menos de desempeñar un enorme papel en el
momento en que los Estados, con su aparato militar reforzado a consecuencia de la rivalidad imperialista, se convertían en monstruos guerreros, que devoraban a millones de hombres para dirimir el litigio de quién había de dominar el mundo: sí Inglaterra o Alemania, si uno u otro capital financiero.
"El Estado y la Revolución". Polémica con los socialdemócratas, los oportunistas y los anarquistas, y el envilecimiento del marxismo por los oportunistas.
(La polémica de Kautsky con Pannekoek).

Vladímir Ilich Lenin.
📕Oportunismo: es el movimiento, teoría y práctica contrarias a los intereses reales de la clase obrera, empujando al movimiento obrero por un camino beneficioso para la burguesía. El oportunismo directa o indirectamente, mediante el compromiso y la entrega abierta o mediante acciones injustificadas y provocadoras, adapta y subordina el movimiento obrero a los intereses de sus contrarios, a la burguesía. El oportunismo aparece junto con el desarrollo del movimiento revolucionario de la clase obrera en la segunda mitad del siglo XIX. Inicialmente, su base ideológica eran varias formas de socialismo premarxista, y sus tácticas fueron tomadas de los reformistas liberales, así como de varios grupos anarquistas. Durante la actividad de la I y II Internacionales, K. Marx y F. Engels criticaron conceptos oportunistas y actitudes tácticas, por un lado los revisionistas Lassalle, Bernstein y Schramm por su total entrega a la burguesía y, por otro lado, Bakunin y Blanqui, que empujaron al movimiento obrero por la senda del aventurerismo. Tras la victoria del marxismo en el movimiento obrero, el oportunismo cambió sus vestiduras ideológicas y, por regla general, aparece escondido detrás de frases marxistas. Por su naturaleza de clase, el oportunismo es una manifestación de la ideología y la política pequeñoburguesa; en términos teóricos, se revela como reformismo, revisionismo y/o dogmatismo; en términos organizativos, resulta ser liquidacionismo, fraccionalismo y/o sectarismo; en la dirección de sus influencias sobre el movimiento revolucionario, aparece primero como oportunismo de derecha, luego como oportunismo de "izquierda"; al mismo tiempo, un tipo de oportunismo puede convertirse en otro. Gran enciclopedia Soviética
📕 Oportunismo de derecha: el oportunismo de derecha es un conjunto cambiante de teorías reformistas y actitudes tácticas comprometidas que apuntan a la subordinación directa del movimiento obrero a los intereses de la burguesía y al abandono de los intereses fundamentales de la clase trabajadora en nombre de beneficios parciales o temporales. Es una variedad específica de oposición de derecha, se basan en un concepto fatalista que reemplaza la consideración sobria de las condiciones objetivas con admiración por el desarrollo económico espontáneo, toma reformas menores para la implementación gradual del “socialismo” y se basa en la "transformación automática del capitalismo en socialismo". Defienden la "colaboración" de clases, la renuncia a la idea de la revolución socialista y la dictadura del proletariado, a los métodos revolucionarios de lucha, la adaptación al nacionalismo burgués, la transformación en un fetiche de la legalidad y la democracia burguesa: estos son los fundamentos ideológicos del oportunismo de derecha. El oportunismo, la mayoría de las veces es un reflejo de los sentimientos de esos estratos de la pequeña burguesía o grupos individuales de la clase trabajadora: la clase trabajadora aristocrática y burocrática, que tienen condiciones de vida relativamente tolerables. Ya a finales del siglo XIX. El oportunsmo de derecha se generalizó en el movimiento obrero. Como bandera ideológica, utilizó ampliamente las ideas revisionistas de Bernstein, y más tarde las actitudes dogmáticas de K. Kautsky y otros. Después de la muerte de K. Marx y F. Engels en los partidos socialdemócratas más grandes de Europa, en la Segunda Internacional, posiciones clave fueron ocupadas gradualmente por oportunistas de derecha. (K. Kautsky, G. Hyndman, G. Kunov y otros). Lenin, los bolcheviques, y marxistas revolucionarios de otros países libraron durante muchos años una lucha irreconciliable contra el oportunismo de derecha. Tras el colapso de la Segunda Internacional (1914), el ala oportunista de los partidos socialdemócratas tomó finalmente el camino de la degeneración, fue el precursor de una parte significativa de partidos reformistas contemporáneos, que heredaron las ideas del oportunismo de derecha y renunciaron por completo al marxismo. Con el surgimiento del movimiento comunista internacional, el oportunismo intentó repetidamente hacerse un hueco en sus filas y luchó contra la teoría y la práctica del leninismo. En la segunda mitad del siglo XX, el oportunismo de derecha, actuó en el movimiento comunista como revisionismo de derecha. Sus representantes (Jilas, Nagy, Gates y otros, a finales de los 60 - Garaudy, Fischer, Marek, Petkov y otros), escondidos detrás de la bandera del antidogmatismo, El "desarrollo creativo del marxismo-leninismo", utilizó como fuentes ideológicas no sólo las opiniones de los oportunistas de derecha de finales del siglo XIX y principios del XX, sino también la ideología burguesa y social-reformista moderna. Como resultado de la dura lucha que se desarrollaba, las posiciones ideológicas del oportunismo de derecha fueron derrotadas y sus representantes fueron expulsados del movimiento comunista. Gran Enciclopedia Soviética