𝚁𝚎𝚟𝚘𝚕𝚞𝚌𝚒ó𝚗 𝙲𝚘𝚖𝚞𝚗𝚒𝚜𝚝𝚊☭ – Telegram
𝚁𝚎𝚟𝚘𝚕𝚞𝚌𝚒ó𝚗 𝙲𝚘𝚖𝚞𝚗𝚒𝚜𝚝𝚊☭
4.8K subscribers
16.2K photos
16.2K videos
1.97K files
49.7K links
Por la Reconstitución Revolucionaria Comunista para la emancipación del proletariado mundial, que rompa las cadenas de la opresión de la burguesía y del capital.
No al revisionismo.
No al reformismo.
No al oportunismo parlamentario.

Internacionalismo.
Download Telegram
Forwarded from RT en Español
Media is too big
VIEW IN TELEGRAM
Tras su devastador paso por Haití y la República Dominicana, países en los que ha arrasado comunidades enteras y ha provocado 12 víctimas mortales, la tormenta tropical Laura ha alcanzado a Cuba, donde el servicio de Defensa Civil ya ha activado la fase de alarma en varias provincias.

SEPA MÁS: https://es.rt.com/7szt
Media is too big
VIEW IN TELEGRAM
#Documental - "Fahrenheit 11/9".
Michael Moore.

Michael Moore analiza el impacto social, económico y político de la presidencia de Donald Trump. Además, se sumerge en el sistema electoral, la agenda gubernamental y la crisis del agua que sufre Flint, Míchigan.
Forwarded from PALESTINA HOY 🇵🇸
This media is not supported in your browser
VIEW IN TELEGRAM
Vídeo del bombardeo Israelí está madrugada al sur de la Franja de Gaza, 24 de agosto, 2020.
Forwarded from PALESTINA HOY 🇵🇸
This media is not supported in your browser
VIEW IN TELEGRAM
Vídeo de los violentos enfrentamientos después que fuerzas de ocupación israelíes irrumpen en la ciudad de Ramallah, Cisjordania ocupada en horas de la madrugada del 24 de agosto, 2020
Problemas_de_política_nacional_e_internacionalismo_proletario_Lenin.PDF
65.8 MB
"Problemas de la Política Nacional e Internacionalismo Proletario"

Vladímir Ilich Lenin.
Grundrisse_Tomo_I.pdf
6.1 MB
Grundrisse Tomo I.
Karl Marx.
marx_grundrisse_tomo_ii.pdf
5.8 MB
Grundrisse Tomo II.
Karl Marx.
Grundrisse_tomo_3.pdf
3.3 MB
Grundrisse Tomo III.
Karl Marx.
Media is too big
VIEW IN TELEGRAM
La Bandha del Patio - "Pensar Es Un Peligro".
"Hasta aquí —escribe Kautsky— la diferencia entre los socialdemócratas y los anarquistas consistía en que los primeros quieren conquistar el Poder del Estado, y los
segundos, destruirlo. Pannekoek quiere las dos cosas" (pág. 724).
Si en Pannekoek la exposición adolece de falta de claridad y no es lo bastante concreta (para no hablar aquí de otros defectos de su artículo, que no interesan al
tema de que tratamos), Kautsky, en cambio, toma precisamente la esencia de principio de la cuestión sugerida por Pannekoek y en esta cuestión cardinal y de principio
Kautsky abandona entera mente la posición del marxismo y se pasa con armas y bagajes al oportunismo. La diferencia entre los socialdemócratas y los anarquistas
aparece definida en él de un modo completamente falso, y el marxismo se ve definitivamente tergiversado y envilecido.
La diferencia entre los marxistas y los anarquistas consiste en lo siguiente: 1) En que los primeros, proponiéndose como fin la destrucción completa del Estado,
reconocen que este fin sólo puede alcanzarse después que la revolución socialista haya destruido las clases, como resultado de la instauración del socialismo, que conduce a la extinción del Estado; mientras que los segundos quieren destruir completamente el Estado de la noche a la mañana, sin comprender las condiciones bajo las que puede lograrse esta destrucción. 2) En que ]os primeros reconocen la necesidad de que el proletariado, después de conquistar el Poder político, destruya completamente la vieja máquina del Estado, sustituyéndola por otra nueva, formada por la organización de los obreros armados, según el tipo de la Comuna; mientras que los segundos, abogando por la destrucción de la máquina del Estado, tienen una idea absolutamente confusa respecto al punto de con qué ha de sustituir esa máquina el proletariado y cómo éste ha de emplear el Poder revolucionario; los anarquistas niegan incluso el empleo del Poder estatal por el proletariado revolucionario, su dictadura revolucionaria. 3) En que los primeros exigen que el proletariado se prepare para la revolución utilizando el Estado moderno, mientras que los anarquistas niegan esto.
Para encubrir su tergiversación del marxismo, Kautsky procede como un buen exégeta de los evangelios: nos dispara una "cita" del propio Marx. En 1850 Marx había
escrito acerca de la necesidad de una "resuelta centralización de la fuerza en manos del Poder del Estado". Y Kautsky pregunta, triunfal: ¿Acaso pretende Pannekoek
destruir el "centralismo"?
Este es ya, sencillamente, un juego de manos, parecido a la identificación que hace Bernstein del marxismo y del proudhonismo en sus puntos de vista sobre el
federalismo que él opone al centralismo.
La "cita" tomada por Kautsky es totalmente inadecuada al caso. El centralismo cabe tanto en la vieja como en la nueva máquina del Estado. Si los obreros unen
voluntariamente sus fuerzas armadas, esto será centralismo, pero un centralismo basado en la "completa destrucción" del aparato centralista del Estado, del ejército
permanente, de la policía, de la burocracia. Kautsky se comporta en absoluto como un estafador, al eludir los pasajes perfectamente conocidos de Marx y Engels sobre la Comuna y destacando una cita que no guarda ninguna relación con el asunto.
"¿Acaso quiere Pannekoek abolir las funciones estatales de los funcionarios? -- prosigue Kautsky --. Pero ni en el Partido ni en los sindicatos, y no digamos en la
administración pública, podemos prescindir de funcionarios. Nuestro programa no pide la supresión de los funcionarios del Estado, sino la elección de los funcionarios por el pueblo. . . De lo que en esta discusión se trata no es de saber qué estructura presentará el aparato administrativo del 'Estado del porvenir', sino de saber si -nuestra
lucha política destruirá [literalmente: disolverá, auflöst ] el Poder del Estado antes de haberlo conquistado nosotros [subrayado por Kautsky]. ¿Qué ministerio, con sus
funcionarios, podría suprimirse?" Y se enumeran los ministerios de Instrucción, de Justicia, de Hacienda, de Guerra. "No, con nuestra lucha política contra el gobierno no
eliminaremos ninguno de los actuales ministerios . . . Lo repito, para prevenir equívocos: aquí no se trata de la forma que dará al 'Estado del porvenir' la socialdemocracia triunfante, sino de la que quiere dar al Estado actual nuestra oposición" (pág. 725).
Aquí no se trata de la oposición ni de la lucha política en general, sino precisamente de la revolución. La revolución consiste en que el proletariado destruye el "aparato
administrativo" y todo el aparato del Estado, sustituyéndolo por otro nuevo, formado por los obreros armados. Kautsky revela una "veneración supersticiosa" de los
"ministerios", pero ¿por qué estos ministerios no han de poder sustituirse, supongamos, por comisiones de especialistas adjuntas a los Soviets soberanos y
todopoderosos de Diputados Obreros y Soldados?
La esencia de la cuestión no está, ni mucho menos, en saber si han de seguir los "ministerios" o si ha de haber "comisiones de especialistas" o cualesquiera otras
instituciones; esto es completamente secundario. La esencia de la cuestión está en si se mantiene la vieja máquina del Estado (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta el tuétano de rutina y de inercia), o si se la destruye, sustituyéndola por otra nueva. La revolución debe consistir, no en que la nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina del Estado, sino en que destruya esta máquina y mande, gobierne con ayuda de otra nueva : este pensamiento fundamental del marxismo se esfuma en Kautsky, o bien éste no lo ha comprendido en absoluto.
La pregunta que hace a propósito de los funcionarios demuestra palpablemente que no ha comprendido las enseñanzas de la Comuna, ni la doctrina de Marx. "Ni en el
Partido ni en los sindicatos podemos prescindir de funcionarios' . . .
No podemos prescindir de funcionarios bajo el capitalismo, bajo la dominación de la burguesía. El proletariado está oprimido, las masas trabajadoras están esclavizadas
por el capitalismo. Bajo el capitalismo, la democracia se ve coartada, cohibida, truncada, mutilada por todo el ambiente de la esclavitud asalariada, por la penuria y la
miseria de las masas. Por esto, y solamente por esto, los funcionarios de nuestras organizaciones políticas y sindicales se corrompen (o, para decirlo más exactamente,
tienden a corromperse) bajo el ambiente del capitalismo y muestran la tendencia a convertirse en burócratas, es decir, en personas privilegiadas, divorciadas de las
masas, situadas por encima de las masas.
En esto reside la esencia del burocratismo, y mientras los capitalistas no sean expropiados, mientras no se derribe a la burguesía, será inevitable una cierta burocratización" incluso de los funcionarios proletarios.
Kautsky presenta la cosa así: puesto que sigue habiendo funcionarios electivos, esto quiere decir que bajo el socialismo sigue habiendo también burócratas, Ique sigue
habiendo burocracia! Y esto es precisamente lo que es falso. Precisamente sobre el ejemplo de la Comuna, Marx puso de manifiesto que bajo el socialismo los funcionarios dejan de ser "burócratas", dejan de ser "funcionarios", dejan de serlo a medida que se implanta, además de la elegibilidad, la amovilidad en todo momento, y, además de esto, los sueldos equiparados al salario medio de un obrero, y, además de esto, la sustitución de las instituciones parlamentarias por "instituciones de trabajo, es decir, que dictan leyes y las ejecutan".
En el fondo, toda la argumentación de Kautsky contra Pannekoek, y especialmente su notable argumento de que tampoco en las organizaciones sindicales y del Partido
podemos prescindir de funcionarios, revelan la repetición por parte de Kautsky de los viejos "argumentos" de Bernstein contra el marxismo en general. En su libro de
renegado "Las premisas del socialismo", Bernstein combate las ideas de la democracia "primitiva", lo que él llama "democratismo doctrinario": mandatos imperativos,
funcionarios sin sueldo, una representación central impotente, etc. Como prueba de que este democratismo "primitivo" es inconsistente, Bernstein se refiere a la
experiencia de las tradeuniones inglesas, en la interpretación de los esposos Webb.
Según ellos, en los setenta años que llevan de existencia, las tradeuniones, que se han desarrollado, a su decir, "en completa libertad" (página 137 de la edición alemana), se han convencido precisamente de la inutilidad del democratismo primitivo y han sustituido éste por el democratismo corriente: por el parlamentarismo, combinado con el burocratismo.
En realidad, las tradeuniones no se han desarrollado "en completa libertad", sino en completa esclavitud capitalista, bajo la cual es lógico que "no pueda prescindirse" de
una serie de concesiones a los males imperantes, a la violencia, a la falsedad, a la exclusión de los pobres de los asuntos de la "alta" administración. Bajo el socialismo,
revive inevitablemente mucho de la democracia "primitiva", pues por primera vez en la historia de las sociedades civilizadas la masa de la población se eleva para intervenir por cuenta propia no sólo en votaciones y en elecciones, sino también en la labor diaria de la administración. Bajo el socialismo, t o d o s intervendrán por turno en la dirección y se habituarán rápidamente a que ninguno dirija.
Con su genial inteligencia crítico-analítica, Marx vio en las medidas prácticas de la Comuna aquel viraje que temen y no quieren reconocer los oportunistas por cobardía,
por no querer romper irrevocablemente con la burguesía, y que los anarquistas no quieren ver, o por precipitación o por incomprensión de las condiciones en que se
producen las transformaciones sociales de masas en general, "No hay ni que pensar en destruir la vieja máquina del Estado, pues ¿cómo vamos a arreglárnoslas sin
ministerios y sin burócratas?", razona el oportunista, infestado de filisteísmo hasta el tuétano y que, en el fondo no sólo no cree en la revolución, en la capacidad creadora de la revolución, sino que la teme como a la muerte (como la temen nuestros mencheviques y socialrevolucionarios).
"Sólo hay que pensar en destruir la vieja máquina del Estado, no hay por qué ahondar en las enseñanzas concretas de las anteriores revoluciones proletarias ni
analizar con qué y cómo sustituir lo destruido", razonan los anarquistas (los mejores anarquistas, naturalmente, no los que van a la zaga de la burguesía tras los señores
Kropotkin y Cía.); de donde resulta, en los anarquistas, la táctica de la desesperación, y no la táctica de una labor revolucionaria sobre objetivos concretos, implacable y
audaz, y que al mismo tiempo, tenga en cuenta las condiciones prácticas del movimiento de masas.
Marx nos enseña a evitar ambos errores, nos enseña a ser de una intrepidez sin límites en la destrucción de toda la vieja máquina del Estado, pero al mismo tiempo
nos enseña a plantear la cuestión de un modo concreto: la Comuna pudo en unas cuantas semanas comenzar a construir una nueva máquina, una máquina proletaria de
Estado, implantando de este modo las medidas señaladas para ampliar el democratismo y desarraigar el burocratismo. Aprendamos de los comuneros la
intrepidez revolucionaria, veamos en sus medidas prácticas un esbozo de las medidas prácticamente urgentes e inmediatamente aplicables, y entonces, siguiendo este
camino, llegaremos a la destrucción completa del burocratismo.
La posibilidad de esta destrucción está garantizada por el hecho de que el socialismo reduce la jornada de trabajo, eleva a las masas a una nueva vida, coloca a la mayoría te la población en condiciones que permiten a todos, sin excepción, ejercer las "funciones del Estado", y esto conduce a la extinción completa de todo Estado en general.
". . . La tarea de la huelga general -- prosigue Kautsky -- no puede ser nunca la de destruir el Poder del Estado, sino simplemente la de obligar a un gobierno a ceder en
un determinado punto o la de sustituir un gobierno hostil al proletariado por otro dispuesto a hacerle concesiones [entgegenkommende ]. . . Pero jamás, ni en modo
alguno, puede esto [es decir, la victoria del proletariado sobre un gobierno hostil] conducir a la destrucción del Poder del Estado, sino pura y simplemente a un cierto
desplazamiento [Verschiébung ] de la relación de fuerzas dentro del Poder del Estado.
Y la meta de nuestra lucha política sigue siendo, con esto, la que ha sido hasta aquí:
conquistar el Poder del Estado ganando la mayoría en el parlamento y hacer del parlamento el dueño del gobierno" (págs. 726, 721, 732).
Esto es ya el más puro y el más vil oportunismo, es ya renunciar de hecho a la revolución acatándola de palabra. El pensamiento de Kautsky no va más allá de "un gobierno dispuesto a hacer concesiones al proletariado", lo que significa un paso atrás hacia el filisteísmo, en comparación con el año 1847, en que el "Manifiesto Comunista" proclamaba la "organización del proletariado en clase dominante".
Kautsky tendrá que realizar la "unidad", tan preferida por él, con los Scheidemann, los Plejánov, los Vandervelde, todos los cuales están de acuerdo en luchar por un
gobierno "dispuesto a hacer concesiones al proletariado".
Pero nosotros iremos a la ruptura con estos traidores al socialismo y lucharemos por la destrucción de toda la vieja máquina del Estado, para que el mismo proletariado
armado sea el gobierno. Son "dos cosas muy distintas".
Kautsky quedará en la grata compañía de los Legien y los David, los Plejánov, los Pótresov, los Tsereteli y los Chernov, que están completamente de acuerdo en luchar
por "un desplazamiento de la relación de fuerzas dentro del Poder del Estado", por "ganar la mayoría en el parlamento y hacer del parlamento el dueño del gobierno",
nobilísimo fin en el que todo es aceptable para los oportunistas, todo permanece en el marco de la república parlamentaria burguesa. Pero nosotros iremos a la ruptura con los oportunistas; y todo el proletariado consciente estará con nosotros en la lucha, no por "el desplazamiento de la relación de fuerzas", sino por el derrocamiento de la burguesía, por la destrucción del parlamentarismo burgués, por una República democrática del tipo de la Comuna o una República de los Soviets de Diputados
Obreros y Soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado.