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«Y como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres a sus maridos en todo. Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella...»
Ef 5, 24- 25

La relación nupcial que une a los cónyuges debe -según el autor de la Carta a los Efesios- ayudarnos a comprender el amor que une a Cristo con la Iglesia, el amor recíproco de Cristo y de la Iglesia, en el que se realiza el eterno designio divino de la salvación del hombre. Sin embargo, el significado de la analogía no se agota aquí. Al esclarecer el misterio de la relación entre Cristo y la Iglesia, la analogía descubre a la vez, la verdad esencial sobre el matrimonio esto es, que el matrimonio corresponde a la vocación de los cristianos únicamente cuando refleja el amor que Cristo-Esposo dona a la Iglesia, su Esposa, y con el que la Iglesia (a semejanza de la mujer «sometida», por lo tanto, plenamente donada) trata de corresponder a Cristo. Este es el amor redentor, salvador, el amor con el que el hombre, desde la eternidad, ha sido amado por Dios en Cristo: «En Él nos eligió antes de la constitución del mundo para que fuésemos santos e inmaculados ante El...» (Ef 1, 4). El matrimonio corresponde a la vocación de los cristianos en cuanto cónyuges sólo si, precisamente, se refleja y se realiza en él ese amor.

El marido es sobre todo, el que ama y la mujer, en cambio, la que es amada. Se podría incluso arriesgar la idea de que la «sumisión» de la mujer al marido, entendida en el contexto de todo el pasaje de la Carta a los Efesios, significaba, sobre todo, «experimentar el amor».

Teología del Cuerpo
Idyll ancient family
William Adolphe Bouguereau
Rey Ricardo III en sus últimos momentos en la Batalla de Bosworth en 1485.
Forwarded from Chadistan
I will not wear a crown of gold where my Savior wore one of thorns

Godfrey of Bouillon, refusing the noscript of King as he believed that the true King of Jerusalem was Jesus Christ
The Leopard
Visconti (1963)
Self-portrait (detail from "The dispute with Simon Magus")
Fra Filippo Lippi (1482)
Entrar en el silencio, oscurecerse
y anochecer de tanta luz que ciega,
de tanto estruendo como nos aturde.
Bañar en noche el cuerpo fatigado.
Hundirse en el silencio rumoroso
y curar tanta herida que llevamos
sangrando del bla-bla que nos tunde todo el día
y nos atonta,
sin poder atender a la voz íntima
en que nos habla Dios.
Porque Dios habla por boca de la brisa
que remueve los millares de lenguas
de cada árbol.
Dios habla en el rumor de la fontana
que brota en el recodo de la cuesta.
Dios habla en el silencio con que, a veces,
a tristear a solas nos ponemos.
Hundirse en el silencio de la noche,
mientras, campo a través, vamos rumiando
traspuestas esperanzas. Acallarse
del todo para oír esa palabra
en que el misterio se revela.
Luego todo será distinto, nuevo todo,
y empezaremos una vida, a pleno
ser criaturas del Señor, que lee
en nuestro corazón el palimpsesto de la verdad
que somos por debajo,
de la mentira que mostramos fuera.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Alegoria de la expansión de Rusia.
La barbarie y la cólera entrando en Europa.
Denis Auguste Marie Raffet
EL LIBERALISMO ES PECADO
Forwarded from ARI·RAM
Allegoria della pazienza - 1677 - Carlo Dolci
En dondequiera que aparece la criatura bajo la idea de lo eterno, no se manifiesta ya
la criatura misma, sino la eternidad de Dios como único eterno. Sólo una época profundamente desorientada o mal dirigida en sus instintos metafísicos puede atribuir a un ser creado la idea de eternidad -ya se comprenda como valor absoluto, ya como continuidad absoluta, sin percatarse de que, con ello, en vez de elevar más bien la aniquila instantaneamente. La criatura reconoce su propia relatividad en la idea de eternidad y sólo en esta confesión se le manifiesta también a ella la eternidad.
Ocultando sus pensamientos al hombre a quien ama, una mujer puede perder la ocasión de despertar su amor, y es un triste consuelo para ella pensar que nadie se ha enterado de que estaba enamorada. En los enamoramientos cuentan mucho la gratitud y la vanidad; de ahí que sea peligroso dejar que surjan por sí mismos. Su inclinación puede ser espontánea y empezar como una sencilla preferencia, cosa muy natural; pero somos pocos los que tenemos suficiente valentía para enamorarnos del todo si la otra parte no nos anima, De diez casos, en nueve aconsejaría a las mujeres que demostrasen más afecto del que realmente siente, pues todo puede quedar en simpatía si ellas no le animan al caballero a continuar.

Orgullo y prejuicio
Jane Austen